Yo le echo especias -dice otra mujer- cebolla, ajo; le echo rueditas de fongo, ajíes, pedacitos de pan, le echo un puño de sal… La clave de esto es la hoja del ajo porro, la gente dice “coño, cómo ustedes fríen la grasa que parece manteca de puerco”. Y si hay algún cherito (mal olor)más o menos extraño, le echamos la hoja de la guayaba agria.  Esta es la voz de los protagonistas del documental  quienes de manera empírica han encontrado métodos para desodorificarla  y hacerla agradable al paladar.

 

Solamente Rafael León, quien es el único que ha logrado construir una máquina capaz de moler la masa de corojo, emplea el subproducto en alimento animal. Según Carlos Rodríguez Fontela quien es actual director de fotografía que incursiona en la realización y tiene en su haber títulos como “Feliz Navidad”, su objetivo principal en este documental es interesar a instituciones gubernamentales para construir una mini industria donde se aprovechen al máximo todos los beneficios que brinda esta planta. “Y el estado a lo mejor podía un día hacer grandes plantaciones y con eso mejoramos un poco. Se hace grasa a través de la soja y otras cosas, pero quien sabe si con el corojo el estado puede hacer hasta una fábrica…” ese es el sueño de Librado López, vecino de Los Copales y  también productor de aceite.

 

El contenido graso de la masa de corojo es superior a muchas semillas tradicionalmente conocidas como el girasol, el ajonjolí (o sésamo), e incluso la soja. La planta no necesita de suelos fértiles ni de grandes atenciones culturales, lo que la convierte en un importante recurso renovable a explotar en una mayor escala.

 

A partir del 22 de enero se estará estrenando en diferentes comunidades, con una proyección especial para funcionarios del gobierno local en el municipio Buey Arriba.

 

 

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