Tomado del portal del periódico Granma

Por: Dilbert Reyes Rodríguez

Pensada por sus fundadores para establecerse como fuente y puente, la Televisión Serrana se instaló hace 25 años en una colina para tener una vista hacia cada dirección en que saldría a buscar sus personajes.

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SAN PABLO DE YAO, Sierra Maestra.–Pensada por sus fundadores para establecerse como fuente y puente, la Televisión Serrana se instaló hace 25 años en una colina –todavía sin otro nombre que el de la propia casa productora– para tener una vista hacia cada dirección en que saldría a buscar sus personajes.

Es un balcón natural de 360 grados, dominado casi a la redonda por el paisaje empinado de la Sierra Maestra, que se toca con la mano; mientras el río le hace cosquillas en los pies al cerro y a la hermosa comunidad lindante de San Pablo de Yao, en el municipio granmense de Buey Arriba.

Hay un edificio pequeño, varias cabañas y un mirador donde se tiene la impresión de que se vuela, literalmente; porque es puro vuelo lo que desde un solo sitio ha inspirado tanta imaginación multipremiada en la factura de más de 700 obras audiovisuales, la mayoría documentales.

Tuvo que haber estado allí sentado largo rato Daniel Diez –cuando era solo una colina de plantas, corona de un poblado más humilde– y haber sentido esa magia que ha dominado la creación de tanto joven, de entonces y de hoy, para darse a la idea de fundar el 15 de enero de 1993 esta televisión, que nunca tuvo ínfulas de canal transmisor, sino de hacedor de imágenes para aquellos guiones ya escritos en las vidas simplísimas y originales de los campesinos serranos.

Entre los primeros colaboradores del fundador hubo un herrero, de esos que jugaron pelota con Fidel cuando anduvo de paso por el pueblo en el 66. Abel Gómez también fue personaje en una de las obras iniciales, y hace un lustro contaba aquellos días de parto de la primera productora de televisión comunitaria conocida en América Latina.

«Todavía recuerdo como si fuera ayer el día en que Daniel Diez llegó en un yipi a mi casa, buscándome, para decirme su propósito de fundar aquí la Televisión Serrana, a modo de un experimento artístico. Como nativo de la zona, yo sería el guía», decía, y aquel símbolo se consagró como una especie de contrato entre realizador y montañés, relación que ha sido el principio de existencia de la casa durante un cuarto de siglo.

Como corresponde a un verdadero proyecto comunitario, los campesinos personajes se embullaron a transgredir las líneas del plató natural que era su cordillera, y saltaron, de la exclusividad de estar ante el lente de la cámara, al papel de cargarla en el hombro, manipular los botones, enfocar lo que consideraban mejor ángulo, a buscar y a escribir sus propias historias; hasta que el atrevimiento empezó a convertirlos a ellos, a sus hijos, a sus nietos, en sus mismos retratistas, voceros de su realidad, creadores geniales de los documentales, reportajes, revistas, videocartas y memoriales que distinguen el sello reconocible de la Televisión Serrana.

Carlos Rodríguez Fontela, por ejemplo, correteaba descalzo los caminos de polvo y piedra de San Pablo de Yao, antes de que el asfalto vistiera todos los callejones del pueblo, como complemento de la carretera trazada hasta la televisora.

Ya cumple 19 años dentro del staff, de la familia que son los casi 40 trabajadores del centro, y hoy es el cámara y fotógrafo de uno de los dos equipos de realización, como antes fueron parte y artífice los nombres consagrados de Marcos Bedoya, Waldo Ramírez, Rigoberto Jiménez…

Como ellos habrían dicho entonces, Carlos lo afirma: «Es para mí un gran proyecto de vida, porque logra desarrollarse en el lugar donde nacimos y estamos. Ha sido horizonte para muchos jóvenes como yo, que han podido decir en lenguaje audiovisual todo cuanto se quiera de una gente muy singular, la gente de la Sierra, dueños de una identidad cuya esencia vital es su condición profundamente sensible y en extremo humana».

De la primera vez que llegó a la colina, hace 12 años, dice Lenia Sainiut que se enamoró del lugar como de una persona.

Filóloga manzanillera, cursista de uno de los talleres que ofrece el Centro de Estudios para Comunicación Comunitaria de la Televisión Serrana, se juró que aquel amor nada más inspiraría su trabajo, solo eso; pero al final de cada jornada, hoy, la joven realizadora baja al pueblo a dormir a una casa campesina de un hermoso jardín, se acomoda a la pequeña Paula en el pecho, y recuesta la cabeza en el regazo de la nueva familia que fundó cerca del río.

«A estos amores me condujo también la Televisión Serrana, que me hizo parte de esta porción del país en que hay raíces profundas de cultura y tradición, antes algo silenciadas», dice.

«Celebrarnos los 25 años significa orgullo, y sobre todo compromiso para que haya siempre una continuidad de la esencia con que surgimos, que es representar la identidad del campesino de las montañas, darle voz a sus sueños, conflictos, problemáticas, y estar presentes en todas las facetas de su vida», explica.

El nombre de Lenia –cabeza del equipo multipremiado en el 2017 por el documental En contra del viento, y artífice de la revista semanal De donde hay un río, que en la televisión nacional proyecta las obras de la casa productora– alcanza la estatura creadora de esa especie de segunda generación que componen la reconocida Arianna Fajardo, el distinguido Carlos «Holguín» Rodríguez y otros documentalistas de la hornada más joven.

Para ella, «todos continuamos fieles a la esencia de los principios fundacionales, y aunque han cambiado muchas cosas, en cuanto a tecnología sobre todo, al cabo de 25 años la Televisión Serrana sigue siendo la misma que se aventura a lomo de mulo montaña arriba, convierte en imágenes las historias más genuinas, y antes de que un premio nacional o extranjero avale o no los méritos de la obra terminada, vuelve a escalar en busca del juicio riguroso de sus propios personajes que, invariablemente, son el primer jurado», concluye.

 

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