“De manera sencilla, hemos creado una vía de comunicación e intercambio entre comunidades, culturas… para acortar distancias geográficas, en tiempos en que el hombre ha de andar más hermanado que nunca”.                                             Daniel Diez.

Corría el mes de noviembre del año 1993 y un grupo de realizadores de la TV Serrana grababan en plena Sierra Maestra, en la comunidad de Minas del Frío, del municipio de Bartolomé Masó, cuando tuvieron la impresión - más tarde certeza- de que los niños de esa zona no sabían cómo era la vida de sus semejantes en el vecino municipio de Buey Arriba.
Ante esa realidad los creadores de la televisora comunitaria se propusieron establecer una vía de comunicación a través del video, concibiendo así un tipo de intercambio que fue bautizado con el nombre de Video-Carta. Meses más tarde, repitieron la experiencia con niños de Pilón, poblado perteneciente al municipio de igual nombre y ubicado entre el mar y las montañas de Granma.

La exhibición de las obras arrojó resultados superiores a las expectativas, pues había niños de Buey Arriba que nunca habían visto el mar y quedaron deslumbrados con el nuevo paisaje que descubrieron a través del video. Esta iniciativa generó una comunicación que funcionaba como información y, al mismo tiempo, generaba en los niños un proceso de reafirmación con su entorno, su vida y su país, con los elementos que iban conformando su identidad.

Desde entonces este formato ha facilitado el intercambio cultural entre distintas comunidades y su utilización se extendió más allá de las fronteras de Cuba. Durante un encuentro internacional de realizadores de video, efectuado en 1995 en la ciudad de Edimburgo, la TV Serrana propuso la idea de comunicarnos a través del Video-Carta, y así surgió la primera experiencia internacional entre los niños de la Sierra Maestra y los que viven en Santarém, en el Amazonas brasileño.

El intercambio fue posible gracias al proyecto Salud y Alegría y su TV Mocorongo, la cual lleva a cabo el videasta Caetano Escanavino. En esa ocasión tuvimos la ayuda de la representación de UNICEF en Cuba, dirigida entonces por el siempre recordado Luis Zúñiga, quien logró que nuestro cassette, con el video-carta, llegara al Amazonas.
En 1997 repetimos la experiencia en Cochabamba, Bolivia –en esta ocasión el cassette fue llevado directamente por nosotros--, los niños se conocieron, hablaron de sus escuelas, las asignaturas que estudiaban, las relaciones con los profesores, y también, por primera vez, los niños de la Sierra Maestra escucharon el idioma Quechua.
Además, impartimos talleres sobre el género al Movimiento Indígena de Bolivia, y a partir de entonces comunidades de diferentes etnias bolivianas se están comunicando de esta forma, lo que les permite conocer elementos de la vida de hombres y mujeres que viven en su mismo país y que, la mayoría, ni siquiera saben que tienen lenguajes diferentes.
Hasta la fecha, varios realizadores de TVS se han dejado seducir por las maravillosas experiencias que generan los video-cartas, haciendo posibles intercambios entre niños de la Sierra Maestra y homólogos de otras partes de Cuba, como Niquero, en Granma, y de diferentes regiones del mundo como Tierra del Fuego, Islas Baleares, Castilla La Mancha, Castilla León, Francia, Guatemala, México y Sevilla.


“…. Les voy a contar como es nuestra Sierra Maestra. Aquí tenemos grandes montañas y ríos cristalinos, tenemos muchas frutas, como mangos y piñas, y muchos animales, como vacas, gallinas...Casi todos aquí son campesinos y se levantan muy temprano para trabajar la tierra... “

Así se suceden las voces de los niños en los VIDEO CARTAS, una alternativa audiovisual de comunicación donde, con lenguaje sencillo, se transmiten las experiencias vivenciales de los niños en torno a su comunidad. Explicar verbal y visualmente las características del lugar en que viven, sus relaciones familiares y sociales, comentar cómo son las fiestas, bailes, juegos, su forma de vestir… los reafirma como miembros de una comunidad con identidad, tradiciones y cultura determinadas, y ello los ayuda a sentirse dueños de su patrimonio cultural, al tiempo que se enriquecen de otros, en la medida en que reciben la respuesta correspondiente.

 

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