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Por: Kenia Rodríguez

El 25 de marzo de 2018 quisimos celebrar el Día Naranja en la Granja Estatal Militar Arroyón, mas, la carencia de transporte en ese momento no lo permitió. Para ese entonces en TV Serrana acontecía un taller sobre Género donde el tema central era la Lucha contra la Violencia hacia las Mujeres y las Niñas. Trabajadores de la productora y miembros de la comunidad de San Pablo de Yao teníamos, por esos días, la oportunidad de contar con el asesoramiento de Dalia Acosta, Coordinadora Técnica de la Campaña ÚNETE de las Naciones Unidas en Cuba, Zulema Hidalgo, Especialista del Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR) y a Elena Nápoles, Oficial de Programa de Comunicación e Información de la UNESCO en La Habana, por lo que deseábamos hacer coincidir la presencia de las expertas con nuestra visita a esta Unidad del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT) enclavada en la intrincada comunidad de Arroyón, en plena Sierra Maestra.

Hoy, un año después, la visita se convirtió en un hecho a pesar de que solo asistimos un equipo reducido de la TV Serrana. En principio nos recibieron con una mezcla de sorpresa y camaradería. Gentilmente nos enseñaron el lugar, un sitio acogedor que inevitablemente invita. No faltó café bien fuerte, con el exquisito sabor a humildad y bondad propia de la gente de campo.

Por otra parte, como toda trama, no estuvimos carentes de conflictos. Al exponer nuestro interés de ofrecer una muestra audiovisual en saludo al Día Naranja encontramos como respuesta un rostro irónico. Alguien nos creyó extra planetarios, a juzgar por su reacción intuyó que habíamos llegado para convencerlos de alguna nueva sexta, de una aparición fantasmagórica o de que verdaderamente los güijes existen…

Con cierta inquietud, y a solas, me dispuse a preguntar por qué esa muestra de escepticismo respecto a nuestra propuesta. De pronto me encontré envuelta, con sumo respeto, en una polémica sobre Filosofía, Materialismo, Marxismo, Dialéctica, realidades, utopías, en el desembarco del Yate Granma y con Che Guevara… El diálogo bien pude abandonarlo, pero mientras más obtuso, más interesante. Pude pasar por una “romántica extrema” cuando intenté explicar que trabajamos en favor de crear un pensamiento y una conciencia más flexible, por una sociedad más justa, con menos tabúes y actos de violencia, y por la construcción de un mejor ser humano. Fue entonces cuando fui burlada por ir en campaña hablando de cosas poco prácticas que no tendrían resultados tangibles a corto plazo, tildada de utópica, de obsesionada, de que soy el resultado de llevar una sobrecarga doméstica y hasta que la cicatriz de mi cara pudo haber sido ocasionada por motivos de violencia y serían estas las causas que me involucraría en ese “tipo de campaña”. Igual tuve la paciencia de escucharle decir que por mis ilusiones bien parecía una escritora de novelas de ciencia ficción; que por ser granmense y haber estudiado una de mis carreras en La Habana y la otra en Holguín yo era un híbrido y, por si fuera poco, que si dicha oficina pertenecía a la desmoralizada Organización de Naciones Unidas y, si recibía pago por parte del “enemigo”.

Por un momento pensé que bien pudiera suceder que se trataba de una simple provocación y dejé el tiempo correr… durante un juego de palabras que duró más de media hora en algún instante callé, con ojos bien grandes dudé, sus sarcasmos continuaron, entonces respondí, -No sé si contestarle como merece o hacer silencio y reírme de usted.

En equipo, preparando la actividad, entretejía y repasaba lo dicho y lo desdicho. Me venía a la mente que tan solo habíamos hablado de violencia y me había encontrado con tal resistencia, y eso que todos venimos de una madre, de las abuelas y que por lo general tenemos hijas, hermanas, tías…Que tal si le hubiese hablado de equidad, homofobia y transfobia, o de las acciones de la Red de Masculinidades, por ejemplo…Recordé a tantas personas que les hubiese gustado participar de este intercambio, de las cuales algunas ahora me están leyendo…Igual recordé al actor argentino-español Jorge Cuadrelli cuando en una entrevista parafraseando me contestó: -Cambie usted mismo y ya está cambiando al mundo.

Llegó la noche, instalamos la técnica al aire libre como solemos trabajar en las comunidades. Iniciamos nuestro trabajo, compartimos conceptos, informaciones, mas, la lluvia y un apagón quisieron también entorpecer la propuesta audiovisual que ofreceríamos. Por suerte, el apagón no fue eterno y de la voluntad de otros nació una alternativa. Al final, agradecimos la acogida y el diálogo, y dentro de éste, la diferencia de opinión.

Pasadas las diez de la noche regresamos en nuestro Jeep Waz por caminos solitarios y en muy malas condiciones. Nos cuestionábamos entonces todo cuanto se hace, desde ocupar tiempo extra, dejar nuestros hogares, nuestras familias, por defender esa “utopía” en la que se cree. Más tarde, en ese ajuste de cuentas entre parejas que al final de la jornada se preguntan “cómo te fue”, luego de escuchar la experiencia que a usted también le conté, mi esposo reaccionó: - Por personas como esas yo no volvería…A lo que respondí: -¡No, por personas como estas es que hay que volver!