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- Escrito por Carlos Y. Rodriguez
- Publicado: 10 Enero 2015
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Desde su fundación, Televisión Serrana funciona como un colectivo audiovisual donde el Grupo de Creación es el núcleo fundamental donde se originan, discuten y aprueban los temas y proyectos a filmar. Por lo tanto, a lo largo de los años no son pocos los que han hecho las siguientes preguntas: ¿debe el creador subordinar su subjetividad y sus aspiraciones estéticas personales al criterio del colectivo?, ¿es posible crear una obra original, un estilo, en medio de ese otro “estilo” dominante? Esta es una problemática compleja que plantea una tensión dialéctica creador/colectivo que trataré de aproximar a través del análisis de mi propia experiencia de más de una década haciendo documentales dentro de este Grupo.
Los grupos de creación son un concepto surgido en los primeros años del ICAIC con el objetivo de que los nuevos cineastas tuvieron un espacio donde discutir sus ideas. Esos fueron años de experimentación y aprendizaje de donde salieron grandes cineastas como Tomás Gutiérrez Alea, Santiago Álvarez, Humberto Solás, Julio García Espinosa y Manuel Octavio Gómez, por solo mencionar algunos.
En su ensayo Desde los Sueños, Daniel Diez (2013), conceptualiza así el método de trabajo del Grupo de Creación en TVS:
En cuanto al método de trabajo en la televisión comunitaria es necesario estar convencido de que no es el jefe quien debe decidir cuál tema es el más importante para ser realizado, sino que debe ser el colectivo. Por eso hasta el día de hoy los temas son decididos por el Grupo de Creación Artística inspirado en la experiencia del ICAIC. En nuestro grupo participan los directores, camarógrafos, sonidistas, editores, productores, los iluminadores-choferes, incluidos los técnicos de video y el director del centro que debe ser un creador, y a su seno se llevan todas las propuestas de los posibles documentales. Se discute profundamente cuál de ellos es el más importante para la comunidad, cuál puede definirnos mejor una personalidad del lugar o qué historia es la más contundente para mostrar las particularidades de esa realidad.
Y refiriéndose a la relación creador-colectivo expresa lo siguiente:
Es un ejercicio muy importante y difícil porque significa poner primero el proyecto a discusión y saber escuchar para discriminar entre las variantes propuestas. El grupo aprueba continuar la investigación y profundizar más en el tema. Al finalizar este proceso se propone la escaleta o guión para su análisis y eso da paso a la discusión final donde los realizadores defienden el tratamiento, la idea que van a demostrar y los beneficios para la comunidad o para los personajes tratados en el documental. Si convencen, reciben los recursos necesarios para su realización.
El individuo/autor en un proyecto audiovisual colectivo.
Me uní formalmente a TVS el 9 de septiembre de 2001, poco después de que el proyecto alcanzara sus ocho años de fundado. Nunca lo olvidaré porque esa primera noche tembló la tierra y dos días después vi caer desde este lugar a las Torres Gemelas, en el lejano Nueva York. Diez años más tarde mi trabajo en TVS me llevaría a visitar la Gran Manzana. Un viaje de la aldea al mundo, en el cual me pregunté por primera vez desde la distancia sobre la lógica de mi trabajo, y el de mis compañeros, y lo que significa para esos Otros que nos perciben desde lejos.
Mi entrada a TVS se produjo en el momento en que su director fundador entregaba el proyecto a los jóvenes que él mismo había formado en intensas jornadas de conversaciones, estudio, polémicas, y cientos de horas de arduo trabajo filmando, editando e interactuando con la comunidad. Por otra parte, esta primera generación de realizadores ya había alcanzado una madurez creativa extraordinaria, a tal punto que todo el país se había maravillado en más de una ocasión con los documentales producidos por ellos, los cuales ya empezaban a verse regularmente en la televisión nacional y en cuanto festival de cine y vídeo se realizaba en el país. Para mí, el punto culminante de ese momento fue cuando La Chivichana, de Waldo Ramírez, se alzó con el Tercer Premio Coral en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano del año 2000.
Ya en esa época se podía hablar de un estilo perfectamente discernible para el público de fuera. Sin embargo, para los miembros del grupo existían poéticas muy personales de cada realizador individual. Daniel Diez (Como una gota de agua, La tierra conmovida) tenía preferencia por los temas espirituales, filosóficos y medio ambientales; Rigoberto Jiménez (Las cuatro hermanas, Lo Ecos y la Niebla) era el poeta de mirada pausada; Marcos Bedoya (Tocar la Alegría) gustaba del humor y de lo insólito y Waldo Ramírez (El Jon de la Loma, Oficios de hombre, Sierra de Aire, etc.) era un realizador práctico y prolífico, con un gran dominio de las estructuras narrativas.
En lo personal, para mí fue un reto enorme integrarme a este colectivo en esas condiciones, pues demandaba un altísimo nivel de preparación cultural y una capacidad de trabajo no acostumbrada en otros lugares del país. Recuerdo el susto con que salí a realizar mis primeros trabajos porque de momento tenía bajo mi mando a un equipo muy profesional que demandaba estar muy seguro de cada decisión creativa a tomar. Pero fui capaz de integrarme, formarme y crecer como realizador precisamente por el trabajo en colectivo. Del estudio de la historia del arte yo había aprendido sobre la soledad del creador, sobre la agonía del sujeto dotado de sensibilidad y talento frente al mundo cotidiano, por lo general frío y ajeno a los sufrimientos del artista.
Poco a poco fui comprendiendo que la discusión de una idea, el análisis de sus potencialidades para convertirse en historia a contar, la selección de personajes, locaciones, y sobre todo, del punto de vista, se logra mejor en la confrontación activa con el Grupo primero, y luego con el equipo de realización. Otra enseñanza del trabajo en colectivo es que uno aprende a ser humilde, a escuchar, a valorar el criterio de los otros y a respetar la diversidad de enfoques sobre un mismo tema o hecho. Sin embargo, en ese proceso también aprendí a defender mis ideas, mis puntos de vista y mis concepciones personales. Y es que esa es la base de la relación creador/colectivo, en la cual el grupo opina, cuestiona, sugiere, y el realizador lanza un proyecto, escucha, analiza y al final tiene que tomar sus propias decisiones.
Mi primer documental se llama Ruido en la señal (2001), un pequeño ejercicio de ocho minutos que habla sobre la relación de los campesinos con la radio y las dificultades que presentaban para adquirir baterías y equipos. Esta fue una experiencia inolvidable, no solo por ser la primera sino porque fue un aprendizaje en todos los sentidos: humano, práctico, e incluso político. Me explico: yo quería a toda costa dejar claro que estas personas estaban mal atendidas, un poco olvidadas a su suerte, y por tanto surgió más de una discusión acerca del tratamiento. Al final comprendí que lo más importante es contar una buena historia permitiendo a los seres humanos implicados expresarse con honestidad sobre los asuntos que los afectan, y que solo a través de la obra total se hacen patentes mis propias opiniones sobre el tema, dejando siempre un margen para que el espectador se involucre, una provocación.
En Al compás del Pilón (2002), las lecciones fueran otras. Este fue el documental que más me ayudó a madurar como realizador y me ganó el reconocimiento de otros realizadores del país (obtuvo varios premios nacionales y uno internacional). En pleno rodaje de otro proyecto, este tema me fue sugerido por el grabador de sonido, Humberto Mendoza, y de ahí decidí presentarlo al grupo antes de iniciar la investigación. El tema fue muy bien acogido y me lancé a tratar de encontrar personas que me pudieran hablar sobre cómo se construye un pilón, que no es más que un mortero de madera usado para pulverizar los granos de café tostado.
Este instrumento, otrora ampliamente utilizado en la zona, comenzaba a desaparecer visiblemente y el objetivo inicial era rescatar para el futuro esta tradición. Pero a medida que me fui sumergiendo en el tema y discutiendo los resultados con el Grupo, fueron apareciendo nuevas aristas, personajes, anécdotas, supersticiones, todo ello vinculado al pilón. De esta manera, el propósito inicial fue ampliamente superado y llegó el momento en que el objeto mismo se convirtió en personaje, en tanto fuente generadora de cultura.
Desde el punto de vista de la realización el principal reto lo constituyó el proceso de edición y montaje, pues tenía mucho material grabado (De aquí se desprende otra enseñanza: entre más material más difícil será el proceso de selección para el guión final). De una versión inicial de veinte minutos, y después de un intenso debate en el grupo, el documental quedó en nueve minutos. Pero en ese corto tiempo se logró captar una esencia, cierta magia, en fin, una obra que marcó toda mi realización posterior y cuyo nivel de síntesis solo pude repetir ocho años después con otro documental: Bohío (2010).
Durante todos esos años, y después de cometer algunos errores, me fui dando cuenta de que dominaba la técnica de cómo contar una historia, pero también que eso nunca sería suficiente si no continuaba ganando en experiencias, estudiando, y escudriñando en las esencias de lo que somos como cubanos y como seres humanos. De esta etapa recuerdo documentales como El Ángel de la Jiribilla, Al cantío del gallo, Punto de fuga, Mata que Dios perdona, y otros muchos que siguieron, con los cuales fui conformando un corpus narrativo propio.
Conclusiones
A 22 de años de la fundación de Televisión Serrana podemos afirmar que el Grupo de Creación sigue siendo el corazón de esta experiencia. Por suerte todos los creadores que lo integran son jóvenes, y no tan jóvenes, formados en nuestro Centro de Estudios para la Comunicación Comunitaria, los cuales en su mayoría cursaron estudios posteriores en el Instituto Superior de Arte. El estilo sigue siendo reconocible para los espectadores de todo el país. Sin embargo, las voces individuales se pueden distinguir si uno mira de cerca las obras y si se ha seguido de manera crítica la ruta estética de algunos de ellas. Hablo por ejemplo de Ariagna Fajardo, Lenia Sainiut Tejera, o más recientemente David Morales.
En lo personal, Televisión Serrana seguirá siendo mi paradigma por todo lo que me ha aportado en cuanto creador y ser humano. Estoy seguro que en los nuevos proyectos que enfrente estará esa huella y ese método de trabajo, a pesar de los nuevos estilos estéticos y de producción que la realidad de Cuba y el mundo nos está imponiendo.







