- Detalles
- Categoría: permanentes
- Publicado: 13 Marzo 2014
- Visto: 3486
| “Eso fue a raíz del periodo especial…no es un secreto para nadie que fueron momentos duros, difíciles porque no aparecía de nada y entonces la gente empezó a buscar alternativas. Primeramente lo empezamos a hacer con el fin de utilizarlo para hacer jabón, mi mamá y yo lo molíamos en una máquina normal y lo exprimíamos a mano y entonces ella lo ligaba con sosa y hacía el jabón.” | ![]() |
Este es el testimonio de Yeyi, una de las habitantes de la comunidad Los Copales, ubicada aproximadamente a 17 KM de la capital municipal de Buey Arriba. Yeyi, junto a otros pobladores, se dedica a la producción de aceite de corojo, tarea que desarrollan desde los primeros años del llamado Periodo Especial en Cuba en que los cubanos nos vimos obligados a recurrir a soluciones diversas para alivianar la pesada carga de la escasez. “Se rompe el corojo” es el título que da nombre a uno de los trabajos recientes producido por TV Serrana.
Se cuenta que desde años remotos en el continente africano sus pobladores se servían intensamente de la palma de corojo y que esta es y aún lo es, el mayor proveedor de sus necesidades. Con la corteza de esta palmera se produce un vino con un exquisito sabor. Además de servir para revestir bohíos, su masa que está envuelta en una cáscara muy dura, puede ser empleada en disímiles cosas, tal como en la producción de dulces, helados, etc. En la cosmética se usa en la elaboración de finos aceites, y en la cocina es un ingrediente muy valorado en la preparación de las comidas.
Vecinos de diferentes comunidades como Palmarito, San Rafael, Los Perros, Pedregal entre otras… solo la emplean en la cocina. “Después que se trae y se muele el corojo lo ponemos a hervir, le echamos agua según la cantidad de grasa. Ahora un ejemplo: si son cinco botellas de grasa de corojo yo le echo un litro de agua. Si no le echo agua la grasa empieza a quemarse; cuando coge un poquito de calor se quema y puede coger mal sabor.
Yo le echo especias -dice otra mujer- cebolla, ajo; le echo rueditas de fongo, ajíes, pedacitos de pan, le echo un puño de sal… La clave de esto es la hoja del ajo porro, la gente dice “coño, cómo ustedes fríen la grasa que parece manteca de puerco”. Y si hay algún cherito (mal olor)más o menos extraño, le echamos la hoja de la guayaba agria. Esta es la voz de los protagonistas del documental quienes de manera empírica han encontrado métodos para desodorificarla y hacerla agradable al paladar.
Solamente Rafael León, quien es el único que ha logrado construir una máquina capaz de moler la masa de corojo, emplea el subproducto en alimento animal. Según Carlos Rodríguez Fontela quien es actual director de fotografía que incursiona en la realización y tiene en su haber títulos como “Feliz Navidad”, su objetivo principal en este documental es interesar a instituciones gubernamentales para construir una mini industria donde se aprovechen al máximo todos los beneficios que brinda esta planta. “Y el estado a lo mejor podía un día hacer grandes plantaciones y con eso mejoramos un poco. Se hace grasa a través de la soja y otras cosas, pero quien sabe si con el corojo el estado puede hacer hasta una fábrica…” ese es el sueño de Librado López, vecino de Los Copales y también productor de aceite.
El contenido graso de la masa de corojo es superior a muchas semillas tradicionalmente conocidas como el girasol, el ajonjolí (o sésamo), e incluso la soja. La planta no necesita de suelos fértiles ni de grandes atenciones culturales, lo que la convierte en un importante recurso renovable a explotar en una mayor escala.
A partir del 22 de enero se estará estrenando en diferentes comunidades, con una proyección especial para funcionarios del gobierno local en el municipio Buey Arriba.








